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AGUCHITA, ¿CONMEMORACIÓN O AGUIJÓN PARA NUESTRO CAMINAR?
Jue, 27 de Agosto del 2015

PRESENTACIÓN:

En el CAMINO ESPIRITUAL CON AGUCHITA, ponemos en sus manos la Ref. Teo N°2 AG+25.

Agradecemos profundamente la generosidad de Hna. Evelin Bloch, osb. Ella nos ofrece un itinerario contemplativo y a la vez desafiante, plasmando en esta reflexión toda su espiritualidad e intuición, adentrándose desde allí en el corazón y misión de Aguchita.

Es un imperativo y aguijón que nos conduce hacia nuestro Pastor. Él nos sostendrá y energizará. Su gracia es suficiente para nosotras/os, como lo fue para Aguchita.

 

MEMORIAL, FERMENTO Y AGUIJÓN

No conocí personalmente a la hermana Aguchita, como se la llamaba, pero sí, tengo la memoria muy viva del anuncio de su asesinato, el 27 de septiembre del año 1990, junto con cinco pobladores del pueblito “La Florida” (vicariato de San Ramón) donde ella había escogido vivir sencilla y solidariamente en medio de un pueblo pobre en una zona de emergencia. Todos los testimonios de entonces hablaban de una mujer sencilla, nativa de un pueblo sencillo de Ayacucho. Mujer quién asumió con gozo, alegría y valentía terca, hasta el final de su vida, tareas y servicios sencillos brindados tanto a la gente, especialmente a las mujeres, como a su congregación, encarnando de esta manera su discipulado del Buen Pastor. Su vida, nadie se la quitó. La había entregado ya, de todo corazón, derramándola gota a gota mucho antes de este 27 de septiembre.

Este modesto texto no pretende volcarnos hacia 25 años atrás, como para hacer sólo memoria de la vida de una hermana muy entrañable, más bien, a la manera de un memorial, fermento y aguijón que dinamiza nuestro hoy, nos detendremos sobre algunos SIGNOS del Reino que la hermana Aguchita supo encarnar dejándonos algunas huellas discretas para seguir caminando. ¿Acaso, no sería esta la “misión eterna” de los “humildes santos del pueblo” estén o no elevados a la gloria de los altares?

SIGNO Y SEMILLA DEL REINO

Empezaré por el SIGNO de la ALEGRÍA, que nos hace patente, de manera indiscutible, un auténtico discipulado de Jesús. Se trata de vivir sembrando el gozo, la alegría del Evangelio por el testimonio de una vida feliz que contagia felicidad.

Más eficaz que muchos discursos, homilías o catequesis, la felicidad vivida en los quehaceres cotidianos y humildes nos desvela, si vivimos atentos y disponibles, la misteriosa presencia divina que lo invade todo. Y eso vale más que todos los tesoros del mundo, incluso nos capacita para “venderlo todo” (Mt13, 44) y entrar en la dinámica del discipulado.

Pero esta alegría del evangelio no es como rocío matutino que se evapora apenas sale el sol, o como fuego de paja; más bien nos permite atravesar las dificultades. El signo de la alegría es tan importante para los seguidores de Jesús que debe poder manifestarse incluso en medio de los peligros y tempestades de la vida. Jesús hace de esta alegría en las persecuciones una bienaventuranza (Mt5, 11-12) y nos asegura que nadie y nada nos la podrá arrebatar (Jn16, 22). No se trata de una alegría barata o romántica, es exigente y costosa. No se compagina ni con la injusticia, ni con la mediocridad. La huella de alegría que nos dejó Aguchita le costó la vida por su incansable, aun discreto, compromiso para que haya más justicia y paz donde vivía.

Hay un segundo signo del Reino sobre el cual me detendré porque la hermana Aguchita nos lo dejó como huella “segura” para no extraviarnos en nuestra búsqueda de Dios, el SIGNO de la SENCILLEZ y SIMPLICIDAD de vida. Lo cotidiano simple, humilde que nos hace profundamente solidarios con lo humano, es también el espacio privilegiado de la CONTEMPLACIÓN, como búsqueda de la huella divina en los encuentros, en los acontecimientos y en los múltiples quehaceres de cada día. Este signo de simplicidad favorece y nos hace disponibles para la ADMIRACIÓN que desemboca en la alabanza. El Reino de Dios está manifiesto en las cosas pequeñas, sólo perceptibles a la gente sencilla dispuesta  a dar gracias, y a cantar cada día las maravillas de Dios como los pastores quienes, al descubrir al niño Jesús en un pesebre, se maravillan e intuyen en lo más hondo de su ser despreciado que algo nuevo está naciendo. El Dios de Jesucristo que optó por la simplicidad nos invita a valorar, cuidar y regresar constantemente a la sencillez en nuestras vidas. Verdadero trabajo de continua conversión. Aguchita la conservó cuidadosamente aun cuando su compromiso como hermana del Buen Pastor la llevó a vivir en Lima, no le subió el humo a la cabeza, más bien alimentó toda su vida un gran deseo de poder encarnar su discipulado en una zona más pobre de la selva. Y cuando su deseo se realizó, vivió esta nueva y última misión, según sus propias palabras, como un “gusto” que le regalaba su Señor, una “delicadeza” de su Amado en su vejez. ¡Dichosos los corazones sencillos capaces de “ver” y reconocer a Dios a la vuelta del camino!

 

Terminaré con un último signo del Reino, el SIGNO de la FE  ORANTE. Esta fe que nos permite ver más allá de lo visible. Qué importante hoy, poder vivir como resucitados, buscando las cosas de arriba, soltando lo que nos tapa el horizonte, apostando por la vida aun en medio de situaciones de “muerte”. Esta fe nos ancla en el Señor, fuente de nuestro SER, de nuestras vidas, de nuestros compromisos.

La FE ORANTE es la marca de los “Amigos” de Dios que viven a la vez la intimidad indispensable con el Señor y en ella escuchan la llamada al servicio de los hermanos y hermanas en humanidad, especialmente los más pobres. Pero esta fe orante es también, creo, el instrumento de este lento proceso de CONFIGURACIÓN DIVINA cuyo fruto podemos saborear en la vida de Aguchita.

Al familiarizarme con esta vida, me impactó estos SIGNOS de la ALEGRÍA, de la SENCILLEZ y de la FE ORANTE, quizás simplemente porque encontraron eco en mi propia vida. Caminando seguiremos desvelando en ella y en otros “santos y santas del pueblo” otras huellas que nos animarán a seguir los caminos del discipulado de Cristo.

¿Somos hoy SIGNOS de alegría, sencillez y fe orante?

¿Qué es lo que oscurece el SIGNO de nuestra vida?

 

 

 

¡GRACIAS!

 

GRACIAS Aguchita, por lo que sigues produciendo HOY en nuestro caminar de discípulas y discípulos del Señor, sólo queda unir nuestra oración a la de Cristo,

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos”.  Lc 10, 21

 

                                                                                        Evelin Bloch,  osb

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