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Memoria y meditación: una reflexión personal
Jue, 27 de Agosto del 2015

 Aniversario 25 de hermana

    María Agustina Rivas, rbp – Mártir

 

El 27 de septiembre conmemoramos el 25 aniversario del martirio de nuestra Hermana María Agustina Rivas López, asesinada por el grupo terrorista Sendero Luminoso, en la Florida, Selva Central de Perú.

¿Quién fue “Aguchita”, como la llamamos cariñosamente? Nació un 13 de Junio de 1920, en Coracora, Ayacucho. Sus padres los esposos Dámaso Rivas y Modesta López. Es en este hogar ayacuchano donde interioriza el valor de la justicia solidaria y aprende las virtudes cristianas, junto a sus diez hermanos.

En 1942, decide entrar a la Congregación del Buen Pastor. El 8 de febrero, hace su primera profesión. Desde entonces, vivió con fidelidad inquebrantable su compromiso con la Persona y la misión de Jesús Buen Pastor. Vivenció plenamente el carisma de misericordia en su vida comunitaria y apostólica.

De 1970 a 1975 acompañó a las Hermanas Contemplativas. Agustina fue para ellas una excelente y abnegada enfermera, un apoyo, un recurso frecuente y fraterno.

Luego, en su contacto con jóvenes y niñas en el apostolado, se dio con su habitual abnegación; ellas como todas las personas que compartieron con ella, la encontraron sencilla, alegre y llena de bondad.

En 1986 forma parte de la comunidad del Noviciado. Su testimonio de vida fue un factor importante en la formación de las jóvenes.

Llegamos a la última etapa de su vida, la que puso en evidencia toda su riqueza personal y su opción por los pobres, en su Misión en La Florida - Vicariato de San Ramón.

 La Congregación había asumido allí un Proyecto de Promoción de la Mujer dirigido a la joven y mujer campesinas y de las zonas nativas, las más pobres del valle.

La situación fue tornándose muy difícil debido a la presencia de grupos subversivos en el valle de Yurinaqui. Permanecer allí era para la Congregación un fuerte desafío, con dos alternativas: o abandonar el rebaño, o ponerse en riesgo constante de "dar la vida" por Él. Las hermanas optaron por lo segundo. Aguchita, pese a su salud quebrantada, siguió fiel a su opción, en absoluta coherencia.

Hasta que el 27 de setiembre de 1990 el Buen Pastor le hizo su último llamado, le dio el privilegio de ofrendar su vida, junto al rebaño. Fue asesinada por Sendero Luminoso, junto a 6 personas del lugar.

Tenemos en ella una santa mártir. Aguchita nos mostró el Evangelio durante su vida, a partir de su muerte nos sigue evangelizando con la fuerza radical de las bienaventuranzas.

Hoy, le pedimos nos ayude a entender lo que significa ser artesanos de paz con justicia en nuestro Perú y el mundo y a tomar conciencia del alcance de nuestra entrega "hasta la muerte".

Como una manera orante y celebrativa les ofrecemos la reflexión de Hna. Clare Nolan, agradeciendo profundamente su visión profética, para hacernos escuchar la voz de Aguchita, hoy.

 

Memoria y Meditación: Una Reflexión Personal

                                                                       Clare Nolan, septiembre 2015 

 

AGUSTINA RIVAS ¡PRESENTE!

 

Hace veinticinco años, en medio de la violencia y agitación política en Perú que duró 20 años, nuestras comunidades del Buen Pastor absorbieron la muerte violenta de una de nuestras hermanas.   

Agustina Rivas, conocida como Aguchita, fue asesinada por un grupo terrorista inhumano. La asesinaron en su pueblo de misión, La Florida, y fue una de seis pobladores que fueron asesinados ese día. Estas seis personas, asesinadas en septiembre de 1990, estaban entre las aproximadamente 70.000 víctimas en el período 1980 – 2000.[1]

Aunque yo no conocía a Aguchita y sabía poco de Perú en ese tiempo, estos eventos fueron para mí una ventana a las realidades internacionales, tales como las injusticias de la economía global, los indiscriminados e irracionales ataques del terrorismo, y los vínculos internacionales dentro de mi propia congregación religiosa.

 

Cuando rememoro mis propias reacciones, surgen hechos particulares que continúan como fuentes de reflexión:

            Aguchita tenía 70 años de edad, no era activista política sino una simple misionera que ejercía su apostolado en una zona selvática pobre enseñando a cocinar, a hacer dulces, promoviendo dignidad para las niñas y mujeres.  ¿Es esta la lección…que vivir con los pobres es un acto político? Esta fue una elección que Aguchita hizo. Poco antes del asesinato, ella estuvo en Lima; allá fue animada a quedarse en las relativas comodidades de la ciudad pues unos procedimientos médicos estaban demorando. Ella optó por trabajar mientras esperaba; regresó a La Florida, consciente del peligro que flotaba en el aire.

 

Más adelante, supe que la persona que disparó el rifle que la mató tenía 17 años de edad. Este hecho no sale de mi mente, sigue ahí. Su apostolado era con y por la gente joven.  Especulando un poco, me pregunto “qué habría pasado si” esa joven hubiera tenido a alguien que le enseñara o desarrollara su capacidad para hacer dulces o algo adecuado a su edad, en lugar de alguien que le hubiera puesto un rifle en las manos.No hay una ecuación simple que dé como resultado culpable o inocente; todos suplicamos la misericordia de Dios.

 

En ese tiempo había una dinámica perversa en la esfera económica internacional, la cual era un catalizador de los dos extremos, el gobierno corrupto y el terrorismo fanático. Mi propio país, de una influencia dominante, tenía una complicidad culposa para la violencia en toda Latinoamérica. Como una “inocente” espectadora transeúnte, yo podía sentir de modo personal el dedo acusador. Sin embargo, ahora cuando leo el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, veo a los peruanos, plenamente conscientes de la política internacional, haciendo un giro hacia un autoexamen de sus asuntos internos crónicos de desigualdad y racismo a nivel nacional. Es una introspección para escudriñar todos los ángulos de responsabilidad. Esto parece una acumulación conjunta de energía para imaginar y actuar en busca del tipo de sociedad que las personas quisieran crear, en busca de quiénes quisieran ser.  Parece enteramente apropiado, en nuestro clima global de 2015, que todos podamos seguir el ejemplo; si estamos preocupados por el deterioro ecológico, por las campañas de violencia, ataques de racismo, es apropiado que uno se pregunte a sí mismo “¿cuál es mi parte?” y que examine su propia cultura y su complicidad para tomar medidas conducentes a la transformación tanto personal como política.

 

En el 10º aniversario de la muerte de Aguchita tuve la oportunidadde hablar, en Lima, con una hermana que había vivido con Aguchita en el tiempo del asesinato.  Hermana anciana y amorosa ella también, habló del proceso que ella misma por su parte tuvo que atravesar parasalirdel trauma.Describió un proceso largo y muy humano. Recuerdo claramente sus palabras “perdonar no es cosa fácil”, y comprendo que su crecimiento y su reconciliación espiritual no fueron moldeados en futilidadesreligiosas ni en un rechazo despectivo sino en la cruda realidad de la condición humana diaria que exige una relación profunda y profundizadora entre todos nosotros.

           

Estuve en Lima el año pasado para un breve taller con la comunidad del Buen Pastor y sus socias/os de misión. En diversos debates acerca del viaje espiritual de la justicia,pude ver que había una conciencia aguda y personal de lo que requiere la justicia. Me sorprendí de experimentar lo cerca que siguen con cada una el dolor y el sufrimiento de los que habían soportado los pasados años de violencia y represión – tantas contaron una historia de dolor, una historia desgarradora. Estas personas están ahora en este apostolado, tendiendo la mano en diferentes ramas profesionales, con solidaridad y compasión para con las mujeres en pobreza, con las niñas vulnerables a la trata y tráfico, con familias necesitadas de apoyo... 

He visto claramente en este grupo de personas que en verdad, con un buen corazón, con fe y firmeza,con un cuidado mutuo,la violencia puede ser transformada en misericordia para con otras personas, muy a la manera de Dios que sale a nuestro encuentro con las manos extendidas.

 

Después de estos 25 años, veo la violencia de ese tiempo en Perú ahora multiplicada y magnificada a lo largo y ancho de todo nuestro mundo. Si hay monumentos conmemorativos para las víctimas, si hay clamores de santidad para los mártires, ruego que estén conectados firmemente con aquellas personas que están sufriendo hoy. Que ellos inspiren a quienes están en nuestros programas de apostolado soportando el terror, la violencia, el miedo y desenlaces desconocidoscomo consecuencia de  seguir el evangelio.Las hermanas del Buen Pastor y sus asociadas, para mencionar sólo algunos de los lugares, están viviendo en aldeas bombardeadas de Siria,caminando por aldeas devastadas por el terremoto en Nepal,sosteniendo la educación de las niñas en distritos expuestos al crimen en Colombia, hablándoles fuerte en favor de los derechos humanos de los niños a corruptos gobiernos africanos.

 

¿Podemos enviarles la memoria de Aguchita a ellos como una señal de fortaleza, de resistencia y de simplicidad en el apostolado?¿Y podemos reconocer la santidad en ellos y en cada uno de nosotros que padecemos y retenemos la capacidad de amar en lugares donde parece que el mundo ha olvidado el modo de ser humano– incluidos los lugares poderosos y ricos donde “las ganancias” y “el progreso” degradan y hacen escarnio de la dignidad humana? Si la memoria de Aguchita vale algo, que sea como un modelo de persona que “fue inspirada por el evangelio para responder a las necesidades de su tiempo, tanto las necesidades que todo el mundo reconocía como también las necesidades que eran pasadas por alto por casi todos los otros.”[2]

 

Que su memoria, después del Capítulo de la Congregación del Buen Pastor en junio de 2015, sea una energía del Espíritu que nos sostenga a cada una de nosotras cuando “nos arriesguemos por la misión.” [3]

 

 

¡MARTIRES! PROMESA DE VIDA Y FUTURO

 

(SALMO 4)

 

 

¿Cuántos, Señor, han perdido la fe de que todos unidos

Podemos convertir esta Tierra en un lugar habitable?

¿Cuántos Señor han dejado en el camino su aliento y su vida?

La utopía parece solo eso, algo inalcanzable

y no lo que se construye en el día a día, creando futuro juntos.

 

Hemos soñado, hemos mostrado una infinita solidaridad...

y ahora parece que no queda nada.

Pero la realidad es obstinada como su misteriosa cercanía.

 

Los mártires no han dado su sangre para que se coagule en el olvido y la desesperanza.

¡Esos santos están vivos! y tienen nombres y apellidos de campesinos,

obispos, estudiantes, sacerdotes, sindicalistas, amas de casa, Religiosas…

Cada uno con una fecha que es promesa de vida y futuro.

 

Tú Señor has tenido que darles mucho amor, tanto amor

que han regado los surcos de nuestra tierra, abonándolos con su entrega.

 

Cuando cierro los párpados y los recuerdo, contemplo un millón de rostros

y, a la vez, uno solo, ellos en Ti, Tú en ellos;

Y solo entonces mi corazón vuelve a renovarse con la savia nueva de la fe en la montaña

Y doy saltos de alegría como exprimiendo las uvas del gozo,

Sintiéndonos tranquilos en su compañía, que es como decir... ¡Tu Presencia!



[1]New York Times, agosto de 2003

[2]Cita de Robert Ellsbergen su artículo sobre la posible canonización de una laica estadounidense,Dorothy Day,en el CatholicWorker, mayo de 2015

[3]30ªDeclaración de Orientaciones del Capítulo de la Congregación, Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, 2015

 
 

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